domingo, 25 de mayo de 2008

NUCLEOS PROBLEMÁTICOS (4)

4. La sobrecarga de trabajo hace que un número muy considerable de hermanas tengan que concentrarse en labores administrativas que no tienen mucho atractivo o que tienen un atractivo malo para las vocaciones jóvenes.

¿Qué debemos hacer: Limitarnos a obras sustancialmente pequeñas, integrarnos en equipos amplios de trabajo con los seglares o buscar nuevos frentes de evangelización en los que la labor de predicación sea más explícita?

Pienso que no son disyuntivas sino líneas de jerarquía de valores o de insistencias que es necesario redimensionar. Todos son importantes y no será buscar nuevos frentes de evangelización sino frentes de la Nueva Evangelización.

En la aurora de la Iglesia, la mujer en la persona de María, está presente como fuerza aglutinadora de la comunidad. En nuestra Iglesia de hoy, vemos la mujer consagrada viviendo esta misma experiencia de María; asumiendo por la fuerza del Espíritu, el liderazgo y conducción de muchas comunidades eclesiales que se forman en medio de los pobres, en la base de la Iglesia.

Por otra parte, el carisma no solo es para los religiosos sino para la Iglesia y los cooperadores seglares deben ser preparados por la participación y comunión de la espiritualidad de la Congregación para que sean protagonistas de la N.E. Y si es necesario asuman plenamente las obras y prolonguen la vivencia del carisma fundacional.

“El verdadero problema de la V.R. hoy no es la carencia de vocaciones sino la falta de verdadera transparencia evangélica”.

· TRANSPARENCIA.

Dios se reveló en su Hijo encarnado, Jesucristo: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con él, es quien nos lo ha dado a conocer”. Jn. 1,18

La TRANSPARENCIA de Dios, es decir, que actúa a través de todas las creaturas. Por ellas y eminentemente mediante la santa humanidad de su Hijo Jesucristo, se nos hace “Visible”, transparente”.
Es así como podemos descubrirlo siempre, en la historia y en el cosmos, en la naturaleza y en las realidades temporales, como así mismo en nuestra propia persona, y en cada etapa de nuestra madurez humana y cristiana.

“El universo es una encarnación de Dios, como la Iglesia es una encarnación de Cristo resucitado”. Pablo VI

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