jueves, 2 de abril de 2009

MADRE SARA

Fuiste Madre buena, aurora pura y cristalina
Donde guardó el Señor sus ricos dones;
Esencia de virtudes, flor divina
Un fino corazón de gran ternura
Y un suave despertar de corazones.

Te adornó el Buen Dios con tantas cualidades
De mística hermosura
Que adornaron bellamente tu alma bella.
Cuando el bautismo recibiste un día,
Hostia viva quedaste en tu blancura;
Y en tu pecho al morar la Eucaristía,
Fuiste la hostia Consagrada y pura.

Conociste el camino del bien y del mal
Lucha antagónica entre el espíritu
Y las seducciones del mundo
Te sedujo el evangelio y la causa del Reino.

Por la Congregación, ¡cuántas fatigas y dolores!
Unirla quisiste en dulce hogar
A imitación de Nazaret de Palestina
Formando un solo corazón y un alma sola
En la Trinidad del cielo y de la tierra.

Y así fuiste impregnando cada obra.
Por eso Nazareth es nuestra casa,
Nazareth nuestro bendito hogar
Donde nace crece se cultiva y defiende la vida.
Nazareth la casa del amor a Dios y a los hermanos.

Más, por salvar las almas, Madre
¡Cuán grande fue tu celo!
El fuego del amor quemó tu pecho
A los rayos del sol de Eucaristía.
Sin perdonar trabajo, fatiga ni desvelo
Te entregaste al Señor con alegría.

Trabajaste con ardor creciente
De caridad tu alma estuvo plena
Porque de ella fue Jesús la viva fuente.
Como Hostia con Cristo te inmolaste
Por la salvación de los hermanos
Más necesitados.

Mujer fuerte y prudente
Tras largo luchar, venciste siempre
Tu generoso corazón no quedó herido
Aunque fuese por muchos despreciada.

Magnas juventudes se han formado
Como en jardín bien cultivado y bien cuidado
Bajo la mirada amorosa de María de Nazaret,
la Reina y Madre,
La incomparable y delicada Jardinera.
Fiel amiga, en el gozo, en las luchas y en las penas
A quien todas aprendemos a amar
Con entrañable amor y filial corazón.

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