domingo, 4 de octubre de 2009

“MI ALMA CANTA LA GRANDEZA DEL SEÑOR...",


“Mi alma canta la grandeza del Señor,
mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador"
(Lc 1,46-47)

Estas palabras de Nuestra Señora, en su Fiesta en España “Nuestra Señora de Guadalupe” expresan nuestros sentimientos de júbilo y de gozo, con los cuales quiero dirigirme a Dios Nuestro Señor y a ustedes, queridos sacerdotes y hermanas muy amadas, en este día de gracia y bendición.

Con sus palabras y sus sentimientos quiero cantar, ante todo, mi alabanza y mi gratitud a Dios, Autor de toda historia que nos llamó a la fiesta de la vida y a la comunión con su Vida trinitaria, que nos cristifica guía y conduce permanentemente a la plenitud del amor.

Y frente a este momento de la erección canónica de una casa religiosa de las Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth en el Pontificio Colegio Español de San José en Roma, quiero manifestarle, en primer lugar, mi profunda y filial gratitud a su Excelencia Mons. Beniamino Stella por tanto bien hecho a la Congregación.

Quiero enseguida Expresar al Rvmo. Sr. Don Jesús Rico García, Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios, mí más sentida gratitud y admiración, con adhesión y el saludo filial de toda la Congregación.

Gracias infinitas a Don Mariano Herrera Fraile, Rector del Colegio por su generosa invitación para esta fundación, su deferencia de recibirnos así como sus delicadezas desde el primer momento en que establecimos los contactos ¡Dios le pague! También a Su Equipo Directivo: Don Tomás Amable Díez Olano, Don Julio Cabezas Barba, Don Juan Manuel Cabiedas Tejero, Don Javier Malo Pérez, Don Vicente Cárcel Ortí y Don Salvador Pié i Ninot quienes con su ejemplo y amistad edifican la Vida Sacerdotal y acogieron nuestra presencia religiosa en el Colegio.

Gracias a todos los sacerdotes de esta casa aquí presentes, como también a cuantos se unen espiritualmente, que con su afecto y acogida nos introducen vivamente en el Pontificio Colegio en su comunión sacerdotal y eclesial.

¡Cómo olvidar a nuestras hermanas Siervas de San José que por más de 50 años dejaron gran parte de su vida en amor servicio y entrega generosa! ¡Dios las bendiga! y recompense con muchos frutos de santidad,

“Mi alma canta la grandeza del Señor,… el Señor hizo en mi grandes cosas…” (Lc 1, 46,49).

¿Por qué no decir Gracias también a la Iglesia Española que desde Nuestra llegada allí desde hace 22 años nos abrió las puertas y nos acogió como la gallina a sus polluelos? Es decir, ¡con gran amor materno!

“¡Mi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador!"

Gracias por esta dimensión del carisma suplicado por la Madre María Sara: ¡Oh Madre mía! Dad a esta hija la más pequeña, la gracia de ser una perfecta esposa de Jesús. Hacedme Madre de los Sacerdotes. Dadme la simplicidad y la humildad de vuestra vida en la Casa de Nazaret. (M.F.).

La Madre María Sara fue un Apóstol de los sacerdotes, apóstol que con la oración, con los sacrificios, con la palabra llegó a ser el apoyo espiritual de muchos sacerdotes. Sus escritos en torno al sacerdote dejan entrever el profundo respeto hacia ellos y la preocupación por su santidad de vida. Y así escribe en su diario espiritual: Nuestro Señor me inspiró un amor vivo y ardiente por sus sacerdotes y quiso que tomara parte activa en ese apostolado de oraciones y sacrificios. Me ofrecí a su corazón por medio de María, para ser víctima por los sacerdotes pecadores del mundo. Quiere el Señor que no ahorre sacrificio ni trabajo porque haya entre sus sacerdotes una gran unión con Él.

Muchas otras maravillas quedan por cantar, pero el tiempo y el pudor me obligan a callar.

¡Este carisma sacerdotal fue dado a Nazareth! La Sagrada Liturgia que no es otra cosa sino el ejercicio del sacerdocio de Cristo, es una fuente perenne de santidad y de vida para toda alma cristiana (Const. 116)

Solo falta una cosa: ¡Implorar! Para que sea verdaderamente glorificado el Sacerdocio de Cristo en este año Sacerdotal.